Héroe.
Una palabra muy desgastada por todos al los que nos apasiona el deporte.
“El portero del América fue el héroe del partido.”
“Los jugadores de los Chargers se la rifaron en el terreno de juego como verdaderos héroes.”
“Pasar a la segunda ronda fue un acto heroico de la selección mexicana.”
“Con una actuación heroica, Trevor Hoffman salvó el partido para los Padres San Diego”.
Sin duda que estas frases conforman momentos espectaculares y muy especiales dentro de un determinado evento deportivo.
Impedir que un balón no llegue a las redes de una portería, el ponchar a un bateador enemigo o avanzar a los octavos de final de un Mundial de futbol no son actos heroicos ni sus protagonistas deben de ser etiquetados con la palabra de héroe.
Las tormentas que azotaron recientemente al condado de San Diego pone en perspectiva quienes son los verdaderos héroes que nos rodean.
Los Bomberos que arriesgaron su vida.
Los policías que implementaron los operativos de evacuación.
Los doctores que atendieron a las personas necesitadas.
Los voluntarios en los albergues para damnificados en Tijuan.
Ellos si merecen ser considerados héroes.
Los deportistas profesionales, además de ganar millones de dólares, están acostumbrados a ser elogiados y ser comparados con personajes infalibles de las películas de ciencia ficción.
Aunque el deporte nos gusta y nos apasiona, no hay que llegar a los extremos de comparar las piruetas de Cuahtémoc Blanco en un campo de futbol con el trabajo de un bombero que enfrenta llamas de hasta 40 pies de altura en una apartada zona rural para tratar de evitar la pérdida de vidas humanas.
Valga esta reflexión para apreciar a aquellas personas que verdaderamente arriesgan su integridad física y sacrifican a sus familias para proteger al prójimo en comparación a los atletas que por televisión nos hacen pasar momentos emocionantes pero cuyos resultados finales en nada afectan nuestra rutina diaria.