Ah que tiempos aquellos...
Y no es que quiera sonar a uno de esos viejitos que dicen que las épocas pasadas fueron mejores, pero la verdad es que las cosas ya no son iguales.
Cuando era niño y asistía en México a los estadios de futbol para apoyar a mi equipo, la gradería era invadida por un estruendoso: Si-qui-ti-bum a la bim -bom -ba, si-qui-ti-bum a la bim -bom -ba, Atlante, Atlante, ra-ra-ra.
Eso fue allá por los años 70’s, y los 80’s.
Ahora ese famoso, y muy mexicanisimo si-qui-ti-bum, ya no se escucha en los estadios.
Las nuevas generaciones han adoptado cánticos provenientes de Sudamérica y Europa para apoyar a sus equipos.
El ejemplo más claro de esto es la barra de los Pumas de la UNAM que influenciada por los argentinos han tomado el “Como no te voy a querer”, como su grito de batalla.
Debo admitir que es impresionante, y pone la piel chinita, escuchar a más de 80 mil aficionados reunidos en el Estadio de Ciudad Universitaria entonar a todo pulmón el canto de respaldo a su equipo.
Pero a pesar de lo emocionante que puede ser esta experiencia, añoro los tiempos en donde un espontáneo se paraba a la mitad de un partido de futbol y gritaba: “Porrra, porra, porra”.
Esa era la señal par el resto de los aficionados de preparar su voz para lanzar un si-qui-ti-bum.
Después de la porra le seguía el sonido de una enorme matraca y el aturdidor golpeteo de una tambora.
Antes esa era la forma de apoyar a los equipos y la selección mexicana de futbol.
El extinto si-qui-ti-bum fue reemplazado por el “Sí se puede, sí se puede, sí se puede”, cuando el Tri juega sus partidos.
En la vida todo cambia, todo evoluciona y el paso del tiempo no respeta a nadie ni a nada, en este caso ni siquiera al glorioso si-qui-ti-bum a la bim -bom –ba, si-qui-ti-bum a la bim -bom -ba, Atlante, Atlante, ra-ra-ra.