SAN DIEGO — A mí en lo personal me hubiera gustado que el presidente Obama condenara a los perfiles raciales y étnicos en su largo y abarcador informe presidencial.
Pensé que Obama estaba a punto de hacer justo eso cuando —al hablar sobre la guerra contra el terrorismo— rechazó “la opción falsa entre proteger a nuestro pueblo y sostener nuestros valores”. Y realmente pensé que iba a tratar ese punto cuando, más tarde en sus comentarios, volvió a afirmar “la promesa consagrada en nuestra Constitución: la noción de que todos hemos sido creados iguales, que sin importar quién sea uno o cuál sea su apariencia... si uno se adhiere a nuestros valores comunes deberá ser tratado igual que todos los demás”. Pero Obama estaba refiriéndose a la equidad salarial y levantando la prohibición de los homosexuales en las fuerzas armadas.
Ya que estaba hablando sobre un tratamiento equitativo para todos, podría haber hecho referencia, al menos al pasar, a la idea de que, aun al tratar con posibles sospechosos de terrorismo, no debemos diferenciar a un individuo exclusivamente por su raza o etnia.
No estoy diciendo que Obama debía ir tan lejos como fue el presidente George W. Bush en marzo de 2001, cuando instruyó a organismos gubernamentales a que recogieran datos raciales sobre las paradas de tránsito realizadas por la policía local, con la intención de terminar con la práctica de los perfiles raciales. Además, las directivas perdieron básicamente su sentido una vez que se inició la guerra contra el terrorismo y se acusó a varios organismos federales de identificar de esa manera a los árabeamericanos. Pero, para Obama, el sólo mencionar el tema hubiera enviado un enérgico mensaje en un momento en que algunos funcionarios electos están lanzando comentarios ridículos e irresponsables sobre los perfiles étnicos.
“Creo en los perfiles raciales y étnicos”, expresó el senador James Inhofe, republicano de Oklahoma, en un reciente examen del Comité de Servicios Armados del Senado sobre el tiroteo en Fort Hood, Texas. “Pienso que uno está mirando a la gente que sube a un avión y uno tiene equis cantidad de recursos para emplear, y tiene que llegar a los sujetos, no a mi esposa”.
Inhofe simplificó la cuestión aún más cuando dijo: “Cuando uno oye que no todos los individuos del Medio Oriente o musulmanes de entre 20 y 35 años de edad son terroristas, pero que todos los terroristas son musulmanes o individuos del Medio Oriente de entre 20 y 35, eso es en general cierto.”
Podemos asumir que Inhofe no recibió un diccionario para las Navidades. Si lo hubiera recibido, sabría quizás que “individuo del Medio Oriente” no implica una raza y que “musulmán” no constituye una etnia.
Aparte de eso, me cansan un poquito estos hombres anglosajones que nunca deben preocuparse por que los paren o distingan por su raza o etnia —incluso cuando se está buscando a un asesino en serie o a un pederasta, la mayoría de los cuales, según estadísticas del FBI, coinciden con ese perfil— y son rápidos para dar luz verde a las autoridades a fin de que investiguen al resto de nosotros. Qué magnánimos que son. Si están tan convencidos de que ese tipo de tratamiento no es incorrecto ni inconveniente, ¿por qué no se ofrecen a ir primero?
Concentrarse en un individuo debido a su conducta o historia penal está bien. Pero aplicar esa lupa exclusivamente por su raza o etnia es una práctica desagradable e inaceptable, alimentada por prejuicios sobre cuál es la apariencia de un terrorista.
He aquí lo peor: Más de ocho años después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, los estadounidenses aún no tienen idea de la apariencia de un terrorista. Astutos malhechores de organizaciones como Al Qaeda han ampliado sus esfuerzos de reclutamiento para evitar ser detectados.
Durante años, hemos centrado nuestras sospechas en los que provienen de países árabes. Sin embargo Umar Farouk Abdulmutallab, el sospechoso apresado en el frustrado intento para explotar una bomba en un avión el Día de Navidad, resultó ser de Nigeria.
Mientras tanto, un reciente informe del Comité de Relaciones Extranjeras del Senado mencionó la dificultad en detectar “operativos nacidos en nuestro país” con pasaportes estadounidenses. El informe citó “casi 10 estadounidenses no yemenitas que viajaron a Yemen”, quienes fueron descritos por un funcionario estadounidense como “de pelo rubio y ojos azules” y quienes “coinciden con el perfil de estadounidenses que Al Qaeda ha procurado reclutar durante los últimos años”.
¿Ven el problema? Los perfiles raciales y étnicos no son sólo antiamericanos. Son también poco fiables y poco científicos. ¿Por qué telegrafiar a nuestros enemigos a quiénes estamos buscando? Comenzarán a reclutar individuos que no coincidan con es perfil para llevarnos ventaja.
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