SAN DIEGO — Algunas verdades no coinciden con lo que dicta el sentido común. En los negocios, hay que gastar dinero para hacer dinero. En la política, la única manera de mantener el capital adquirido es gastarlo. Y con las celebridades, las que se esfuerzan sobremanera para proteger su privacidad terminan con menos privacidad.
Tiger Woods debería pensar en esto. Considerado quizás como el mejor golfista del mundo, y el único atleta en el planeta que cuenta con mil millones de dólares obtenidos tanto en premios como en patrocinios, Woods sabe mucho sobre competir, concentrarse y convertirse en el mejor en su campo. Pero este atleta de 33 años aún tiene mucho que aprender sobre lo que más parece anhelar: su privacidad.
Como para que se entienda cuán importante es esta idea para él, Privacy es el nombre con que bautizó a su yate de 20 millones de dólares. Woods toma su vida privada con tanta seriedad que, según informes en los medios, cuando el constructor del navío presuntamente violó un acuerdo de confidencialidad al distribuir fotos en revistas especializadas, Woods lo demandó por daños y perjuicios. Y hablando de esa nave, aunque tarde o temprano se dio a conocer el precio, Woods se negó durante mucho tiempo a revelar cuánto pagó por ella. Cuando Ed Bradley, corresponsal del programa 60 Minutes, le preguntó eso a Woods durante una entrevista, el golfista sólo se sonrió y respondió “mucho”.
Me pareció que tenía categoría. Pero últimamente, he pensado lo contrario por la forma en que ha actuado Woods para proteger su privacidad. Cuanto más intenta Woods eludir a la Patrulla de Caminos de Florida en cuanto al accidente automovilístico que ocurrió en la madrugada frente a su casa, menos privacidad tendrá, y menos paz, por si fuera poco.
Quizá Woods tenga razón en teoría. Pero como cuestión práctica, la forma en que manejó este episodio ha sido un desastre. Woods, casado y con dos niños, quizá esté totalmente justificado al querer tratar el incidente como un asunto privado de su sola incumbencia. Y quizás sea listo al evitar hacer declaraciones a la policía que, aunque no sean incriminatorias, podrían terminar fácilmente en los medios y sitios de chismes de las celebridades. Si esto fue verdaderamente sólo un accidente de tránsito y no se cometió un delito, podemos entender por qué Woods se muestra renuente a hablar con las autoridades.
Sin embargo, las evasivas de Woods con respecto al accidente y a lo que podría haberlo precipitado sólo sirven para provocar más preguntas y alimentar la locura de los medios. Veintenas de reporteros están acampando fuera de su casa y se quedarán allí hasta obtener respuestas.
Y las cautelosas declaraciones emitidas en el sitio en internet de Woods no satisfarán a nadie. Ese fue uno de los aspectos más tontos de la historia. ¿Creyó realmente Woods que comunicarse directamente con sus aficionados sería suficiente en esta situación, que podría sustituir a declaraciones juradas o comentarios oficiales?
Quizá haya sido mejor que Woods haya decidido no ir a su propio torneo de golf esta semana, en el sur de California. Obviamente no está preparado para enfrentar al público en este asunto.
Woods está jugando un juego peligroso y no lo está haciendo con mucha habilidad. Es decir, si le importa lo que la gente piense de él. Quizás no le importe. Pero ser rico y famoso no significa que uno puede hacer caso omiso de las reglas que rigen a todos los demás. Aunque las leyes de Florida no requieren que las autoridades reciban la cooperación de una persona involucrada en un accidente de un solo vehículo en el que el alcohol no fue un factor presente y donde nadie se ha lesionado, la sociedad sí lo espera.
Si éste fue sólo un simple accidente, como Woods quiere que creamos, entonces la gente se pregunta qué es lo que está escondiendo o a quién está tratando de proteger al negarse a hablar. También la gente tiene derecho a sentir resentimiento de que él se tome esa libertad y actúe de una manera que, en ciertos países, se reserva para la realeza. Y ya saben lo que pasa con la realeza. Casi no tienen privacidad alguna.
Woods debería contar su versión de los hechos. Y después debería hacer lo que nosotros, los comunes, debemos hacer: aceptar las consecuencias. De lo contrario, aunque tiene todo el derecho de mantenerse en silencio, uno de los mayores atletas del mundo nunca podrá reivindicar su precioso derecho a la privacidad.
Notas del traductor
Mulligan: en golf, la posibilidad de repetir el primer golpe de salida en el tee del hoyo 1.
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