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Una enfermedad silenciosa

Por: Norma de la Vega [Extensión Cooperativa de la Universidad de California]
11:15 a.m. January 29, 2010

DAVIS, California — Las mujeres de bajos ingresos corren mayor riesgo de sufrir depresión, en comparación a mujeres de otros niveles económicos; y la mayoría no están recibiendo tratamiento médico, por lo que las consecuencias pueden ser devastadoras.

Un estudio efectuado por investigadores de la Universidad de California entre 121 mujeres de entre 18 y 45 años que viven en la pobreza encontró que más de 45 por ciento de las encuestadas padecían de depresión.

El estudio estuvo a cargo de dos nutricionistas, Amy Block Joy, de Extensión Cooperativa en la Universidad de California, Davis, y quien investiga las consecuencias de la pobreza, y Mark Hudes, experto en estadística del Departamento de Ciencias de la Nutrición y Toxicología en la Universidad de California, Berkeley.

El estudio no sólo examinó los aspectos sociales que podrían incidir en la depresión, como lugar de residencia, lenguaje, etnia y pobreza, pero también se enfocó en aspectos de la nutrición; concretamente se analizó el consumo de ácido fólico entre las encuestadas, una vitamina que ayuda al bienestar emocional.

Block dijo que el propósito de la investigación llevada a cabo en cinco condados entre mujeres en edad fértil fue concientizar a la población de que la depresión es un problema de salud importante y que hay recursos gratuitos en todos los condados para combatirla.

“En estos tiempos de crisis económica todo mundo está afectado por el estrés y la angustia pero las personas de bajos recursos corren un doble riesgo de caer en depresión”, señaló Block.

Dijo que el tema de la depresión entre mujeres que viven en condiciones de pobreza no se ha investigado con profundidad a pesar de que es un problema grave de salud. Es más, las consecuencias pueden ser devastadoras: baja la autoestima y puede causar enfermedades crónicas y relaciones conflictivas. Peor aún, la depresión afecta a toda la familia.

La encuesta se desarrolló en inglés y español en cinco condados de California. En Fresno y San Diego todas las participantes respondieron en español; mientras que en Sonoma, Shasta y Trinity quienes participaron eran de distintos grupos étnicos y respondieron en inglés.

Todas las encuestadas estaban inscritas en algún programa de bienestar social, como el programa federal de estampillas para comida y el programa Women Infants and Children que ofrece ayuda a mujeres con niños de hasta cinco años.

La investigación trató de determinar si la deficiencia de ácido fólico en la sangre contribuye a la depresión y, aunque no se obtuvieron datos contundentes, se sabe que el ácido fólico es un neurotransmisor que contribuye al bienestar emocional.

Block indicó que todas las mujeres en edad fértil deben tomar ácido fólico. Los alimentos que contienen ácido fólico son los cereales, el pan, el jugo de naranja y la avena, que por lo general vienen fortalecidos con la vitamina. Otros alimentos que también lo contienen son los frijoles y los vegetales verdes como espinacas, brócoli y lechuga.

El estudio también encontró diferencias importantes relacionadas con el idioma y el número de personas viviendo en el hogar. Por ejemplo, en Sonoma, el condado donde se registró el mayor índice de síntomas de depresión, todas las mujeres encuestadas hablaban inglés. Mientras que en San Diego, donde las participantes respondieron en español, se encontró el menor índice de depresión.

Este estudio se basa en un artículo publicado en la revista California Agriculture de la División de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de California.

¿Sufro de depresión?

Si experimentas varios de estos sentimos, consulta un médico o especialista de salud mental.

● Irritabilidad, cuando te molestas fácilmente o tiendes a participar en disputas.

● Pérdida de interés en las cosas que solían interesarte.

● Cambios de humor, especialmente los sentimientos de tristeza y futilidad.

● Retirarte de amigos, familiares y compromisos sociales.

● Olvido o dificultad para concentrarte.

● Dormir demás o muy poco, levantarte en medio de la noche o en la madrugada.

● Aumento en el consumo de alcohol o drogas.

● Pérdida de interés en el sexo.

● Menos apetito y pérdida de peso o más apetito y aumento de peso.

● Fatiga o pérdida de energía.

● Pensamientos o plática de muerte o suicidio.